... un poco durillo he llegado a casa con la intención de expresar al mundo todo lo que realmente siento, y antes incluso de llegar, conduciendo, he enviado un mail a alguien que sólo decía: baby, hoy siento la necesidad de decirte cuánto te quiero.
Y es porque, tras media hora de conducción reflexiva analizando todo lo que me había pasado hoy, la conclusión no es otra que en la vida las personas van y vienen, suben y bajan, aman y olvidan, dañan y perdonan, y un montón de cosas más.
Cuando tenía, no sé… 15 ó 16 años, ya tenía la afición de escribir cosas y pensamientos que me venían en el momento que tenía boli y papel delante. Una vez, una de tantas veces, discutí con quien por aquel entonces era mi súper-gran-hiper-mejor-amiga-del-mundo-mundial (edad del pavo...) y ya en casa redacté lo que entonces llamé la teoría de la Y. A esa edad la teoría no podía ser nada complicada: vas caminando, en el momento, junto a personas que están a tu lado, porque las quieres y porque te quieren. Luego, casi de repente, siguiendo por ese camino encuentras una bifurcación (de ahí la forma de Y...), y sin saber dar explicaciones, unos van por un camino y otros por otro. Así la vida pasa y cada vez vas encontrando más Ys, y vas escogiendo el camino. Visto positivamente, se puede dar que siempre coincidas con alguien o algunas mismas personas y estéis tan unidos que ni se os pase por la mente escoger caminos distintos. Pero negativamente, por mucho camino que andéis juntos y por muy unidos que penséis que estéis, nadie evoluciona del mismo modo que otro nadie. Por lo que alguna vez, en alguna bifurcación, llega eso de “goodbye’s the saddest word I’ll ever hear, goodbye’s the last time I will hold you near”.
¿Sabes, lector? A veces la vida te da unas lecciones que son imposibles de entender. Pero son lecciones. Ahora ya no tengo 16 años sino 27, y por suerte o por desgracia me he visto ya en varias de esas bifurcaciones. He aprendido que a veces, por suerte, hay quien escoge seguir por donde vas tú. Pero lo mejor de todo, sin duda, es que a veces decides ir por donde alguien decide que va a ir, porque confías, adoras, crees en ese alguien. Eso, lector, es fidelidad. Tú escoges el camino, sin condiciones.
La respuesta a mi mail no ha tardado en llegar. Decía: Yo también, siempre voy a estar a tu lado. Ahora estoy llorando un poco, porque claro, era un mail no una voz que susurraba a mi oreja…, pero es que creo que mi llanto está mezclando felicidad con tristeza. Ese mail ha logrado que mi día acabe feliz, y esas palabras eran justo las que yo necesitaba leer.
Hoy, las cosas son así, yo quiero y por suerte soy querida también. Mañana ya veremos. Y como mañana ya veremos, de momento hoy voy a expresar lo que siento y a decírselo a quienes me importan, a los que de verdad me importan, porque si mañana llegamos al punto Y, no sabemos qué es lo que va a ocurrir. PANTHA REI.
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