El handicap...

...de tener una familia como la mía, grande y con padres jóvenes, hace que se convierta en una cadena el perder a muchos en un corto periodo de tiempo. Y afortunada me siento de ello. No de perderles, obviamente, sino de haber compartido mi vida con personas que han hecho de mí ser quien soy. Tengo un montón de tíos-abuelos y sí, ahora ya son mayores y la vida es lo que es, por suerte puedo decir que son mayores, señal que han vivido largo y tendido.
La muerte de mi abuelo, hace un par de años, fue el precedente de lo que seguramente se va a convertir en la sucesión que va a reducir drásticamente el volumen de mi familia, pues él era el mayor de todos sus hermanos… Y por parte de mi abuela hace unas horas acaba de fallecer uno de sus hermanos. Me quedan, por parte de mi familia materna, que es con quien más apego he tenido siempre, unos cuantos tíos-abuelos más mis otros tres abuelos que afortunadamente aún siguen en pie.
Es lógico que me dé como cierta rabia pensar que en no mucho tiempo va a caer el siguiente. No es pesimismo, es realidad. Supongo que la rabia es más por ver desaparecer la historia viva de mi familia que por el hecho de perderles en sí. Claro que me duele perderles, pero me alivia la sensación de saber que han tenido una vida más o menos plena, llena de memorias, y que afortunadamente yo he sido, en mayor o menor medida, parte de ella. Supongo que por esto mismo tardé casi dos meses en derramar una lágrima por mi yayo. Le quería con locura, pero no sufrí por su muerte. Sabía que era su momento, el mejor momento, antes de verle mal, en estado vegetativo y todo eso. Se hizo mayor, simplemente.
Espero que me pase lo mismo con el resto. Mi abuela, el amor de mi vida y la persona por quien mataría, será quien me lo haga pasar peor. Pero me quedará para siempre la satisfacción de haber hecho, o por lo menos intentado, todo por ella. Además es de esas personas tan llenas de gratitud que hacerlo me resulta infinitamente más placentero que si lo hiciera incluso para mí misma.
Veamos a ver qué ocurre.


Gabriel Egea Cazorla in memoriam. Siempre guardaré fantásticos recuerdos de ti. RIP.

... y nos quedamos con las palabras nos quedamos con nada.

Estoy (o soy) tan sensible que un status de Facebook me acaba de resultar inspirador. No por quien lo ha puesto (o sí) sino sólo por lo que dice. Sí… eso sólo me lo creo yo (o te convenzo, lector).
Hacer, hacer, hacer… y menos hablar! Puede que sea también por el poke (véase traducido como “toquecito”) que he tenido hoy por parte de alguien que realmente tenía (y no sin razón) ganas de darme. Creo que me han bajado los humos de un modo sutil y me ha servido un montón. Sé que ahora mismo llevo un “rayote” de los que hacen historia, pero luego, con el tiempo, lo recordaré como “aquello que aquella me dijo, y qué razón tenía”. ¿Y ahora qué toca? ¿Re-poke? Pues no, eso no me sale! Toca justo lo que dice el status de Facebook de una “amiga reciente” (de la que sé poco y viceversa, así que su status y el mío poco tienen que ver): hechos. Hacer y callar, porque el toque viene, precisamente, por algo de ese estilo.
Decidme las cosas claras, porque las señales yo no las veo. Demostradme con hechos lo que antes me decíais para que pueda creeros. Tampoco sé interpretar las insinuaciones… y mucho menos ver más allá de lo que ven mis ojos. Doy mil vueltas a las cosas, y la mayoría de veces debe ser porque al no saber interpretar las señales creo películas. Películas que luego poco tienen que ver con lo que pretendían decir las señales. Esto, lo siento (o no), va con segundas. Es como gritar al mundo que me gustan los jueguecitos de los envíos de mensajes subliminales, pero siempre acabo perdiendo porque no los capto.
Hagamos… hagamos más y digamos menos. Retengamos pocas palabras en la mente y guardémonos los hechos!!
Me ha quedado como el culo el post, pero es que me muero de sueño. Ya lo retocaré…

... por las que ser solidario que a veces me cuesta entender por qué somos tantos los que no participamos en alguna de ellas.

Lo que pasa es que a veces tengo una opinión un poco rara hacia este tema. Es que me da la sensación, bueno, no es una sensación sino más bien una realidad, que todos tenemos “prioridades solidarias” distintas.

Me refiero sobre todo a que hay mucha gente que, por ejemplo, defiende a los animales, véase el ejemplo de “contra las corridas de toros”, y luego, por otro lado, esos mismos ven un perro abandonado por la calle y como quien oye llover. Son paradojas que me ponen de mala leche. Esto me pasa, lector, porque a veces actuamos (actúan) más por la vía de lo que es políticamente correcto que por la que realmente debería ser. Y no es que “debiera” existir un orden coherente de solidaridad, que a lo mejor no estaría mal tampoco, sino que quizás nos tendríamos que plantear primero en qué mundo nos movemos para saber en qué temas podemos ser más útiles.

El contra argumento es obvio: hay tantos temas para ser solidarios que en el fondo da igual al que nos dediquemos, siempre vamos a ser útiles. Y comparto totalmente esa opinión, cierto. Pero luego veo como familias enteras pasan el sábado ayudando en la perrera municipal mientras las residencias de ancianos están tan solitarias, que pienso que la solidaridad no es más que uno de esos montones de actos que nos proporcionan algo de prestigio social, no porque nos apetezca de veras. A ver, que sí, que por lo menos los que van a la perrera hacen algo, y en el fondo el perrito que está ahí abandonado no tiene culpa alguna, que no es porque sea pobre, es porque algún humano-desalmado ha hecho que esté ahí. Pero los ancianos también, y los inmigrantes también, y los hijos de parados también, y… Sí, priorizo personas sobre animales, y mira lector que yo adoro a los animales! Por eso mismo me cuesta creer que en el siglo XXI sigan existiendo perreras masificadas. Quiero decir que en un halo de solidaridad, esos que dicen ser tan solidarios podrían acoger a un anciano en lugar de un perro si la intención es tenerlo “una temporadita” en casa y luego dejarlo en una cuneta para irse de vacaciones. Por lo menos el anciano pasará una temporadita bien y luego tendrá un sitio caliente donde le darán comida, no un espacio donde en lugar de 20 hay 200.

Se puede ser solidario en cientos de temas, pero a veces, con un poco de coherencia, se puede ser más solidario aún. O por lo menos más útil. Primero deberían existir políticas concienciadoras, igual que las natalistas, pues para los animales de compañía igual. Sobran? Pues va, políticas para la adopción de animales en lugar de compra: “si lo adoptas, el primer año de veterinario gratis; si lo compras, pagas impuesto por mascota de lujo, IVA 16%, jeje”.

Estoy empezando a delirar, así que lo voy a dejar aquí. Espero lector que hayas tomado la idea de que, mientras seamos poco solidarios, tendríamos que ser concienciados y seleccionar en qué ámbitos podríamos ser más útiles, no qué ámbitos son los que más nos gustan. Por otro lado, si “spread de word”, si hacemos marketing viral, o boca a oreja, que es lo mismo, podremos ser cada vez más personas solidarias y por tanto dedicarnos a muchísimas otras causas. Go ahead, lector!!

... no siempre uno es culpable al 100% ni el otro es inocente al 100%.

Digamos que, en mi opinión y en mi propia experiencia como persona, tanto en lo personal como en lo profesional, las discusiones suelen ser más cosa de un 50-50. No es que yo suela tener muchas discusiones, la verdad, pero las que tengo, suelen ser más por desacuerdos entre dos o más personas que por cagadas de unos u otros.
En estos casos, en los del 50-50 (entiéndase también 40-60, tampoco hay que ser estricto), siempre me planteo, en caso de llegar a discutir en cierto grado de excitación, quién debe dar el brazo a torcer. Sí, yo soy muy cabezota y normalmente intento persuadir con mis ideas, pero también sé entender las ideas de los otros y dejar que me convenzan, aunque algunos piensen que no tanto. Un poco de todo dependiendo de la situación, supongo.
Digo esto porque, en realidad, no me queda muy claro cuándo va bien ceder o cuándo es mejor esperar a que la otra parte ceda. Es que claro, a mí me resulta bastante fácil ceder porque no soy complicada de convencer. Pero por otro lado a veces, quizás en un plano un poco egoísta, pienso que sí, cedo, porque suelo ceder, pero en realidad me hubiera gustado más aguantar un poco más sin ceder para ver cuál hubiera sido realmente la reacción de la otra persona de no haber dado mi brazo a torcer. No sé si me explico bien, pero es que a veces acabo pensando que si no hubiera cedido jamás hubiéramos llegado a ningún acuerdo, ni mucho menos a hacer las paces. Un hoy por ti y mañana por mí, pero que se acaba convirtiendo en un hoy por ti, mañana también por ti. ¿Qué pasa si ahora no quiero que sea tan fácil? ¿Qué pasa si lo único que me ocurre es que necesito que me digan “qué te pasa”? Porque sí… después de una discusión vienen unos días de cierta tensión acumulada que suele esfumarse con unas risas, pero ahora, en estos momentos en los que sólo tengo un “after discusión” pendiente, lo que necesito es que me pregunten realmente qué me pasa, cómo podemos solucionarlo y qué podemos hacer para sentirnos mejor. Una palmadita en la espalda, eso es. Porque no hay culpables en una discusión 50-50, sino la oportunidad de lograr superarlo sabiendo cuáles fueron las causas. Lo que no me gusta, lo que no soporto, es que pasen los días y luego como si nada, porque eso, en mi opinión, crea rencillas que a la larga vuelven a salir. Es porque la otra parte no sabe ni la mitad de las causas que hacen que te sientas mal, a parte del motivo concreto de la discusión. Si las cosas no se hablan, todo sigue con un punto y seguido, cuando lo ideal debería ser un punto y aparte.
Estoy convencida de que a veces, muchas veces, antes de llegar a discutir aclararíamos las cosas de un modo mucho más sencillo si sinceramente nos dijéramos qué nos parece bien y qué nos parece mal, en lugar de, directamente, defender nuestras posturas sin empatizar con la otra parte.

Versión 3...

... para conquistarme.

Es que como soy muy tímida nunca me vestiría de pájaro para decirte todo lo que dice Sia en esta canción, aunque lo sienta de veras. Si por el contrario, lo haces tú, no haría falta nada más: me caso contigo.

... sólo es creación si surge de lo más profundo de uno mismo.


CARTA I
París, a 7 de febrero de 1903.
Muy distinguido señor:

[…]
Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca halló palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura. […]
Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. […] Pues bien —ya que me permite darle consejo— he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?". Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Sí debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor, rehúya. […]
Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. […]
Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en éste su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.
Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera. Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil: en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo más le deseo de cuanto puedan expresar mis palabras.
¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera; esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas, que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar. […]
 Con todo afecto y simpatía,
Rainer Maria Rilke.