... no siempre uno es culpable al 100% ni el otro es inocente al 100%.

Digamos que, en mi opinión y en mi propia experiencia como persona, tanto en lo personal como en lo profesional, las discusiones suelen ser más cosa de un 50-50. No es que yo suela tener muchas discusiones, la verdad, pero las que tengo, suelen ser más por desacuerdos entre dos o más personas que por cagadas de unos u otros.
En estos casos, en los del 50-50 (entiéndase también 40-60, tampoco hay que ser estricto), siempre me planteo, en caso de llegar a discutir en cierto grado de excitación, quién debe dar el brazo a torcer. Sí, yo soy muy cabezota y normalmente intento persuadir con mis ideas, pero también sé entender las ideas de los otros y dejar que me convenzan, aunque algunos piensen que no tanto. Un poco de todo dependiendo de la situación, supongo.
Digo esto porque, en realidad, no me queda muy claro cuándo va bien ceder o cuándo es mejor esperar a que la otra parte ceda. Es que claro, a mí me resulta bastante fácil ceder porque no soy complicada de convencer. Pero por otro lado a veces, quizás en un plano un poco egoísta, pienso que sí, cedo, porque suelo ceder, pero en realidad me hubiera gustado más aguantar un poco más sin ceder para ver cuál hubiera sido realmente la reacción de la otra persona de no haber dado mi brazo a torcer. No sé si me explico bien, pero es que a veces acabo pensando que si no hubiera cedido jamás hubiéramos llegado a ningún acuerdo, ni mucho menos a hacer las paces. Un hoy por ti y mañana por mí, pero que se acaba convirtiendo en un hoy por ti, mañana también por ti. ¿Qué pasa si ahora no quiero que sea tan fácil? ¿Qué pasa si lo único que me ocurre es que necesito que me digan “qué te pasa”? Porque sí… después de una discusión vienen unos días de cierta tensión acumulada que suele esfumarse con unas risas, pero ahora, en estos momentos en los que sólo tengo un “after discusión” pendiente, lo que necesito es que me pregunten realmente qué me pasa, cómo podemos solucionarlo y qué podemos hacer para sentirnos mejor. Una palmadita en la espalda, eso es. Porque no hay culpables en una discusión 50-50, sino la oportunidad de lograr superarlo sabiendo cuáles fueron las causas. Lo que no me gusta, lo que no soporto, es que pasen los días y luego como si nada, porque eso, en mi opinión, crea rencillas que a la larga vuelven a salir. Es porque la otra parte no sabe ni la mitad de las causas que hacen que te sientas mal, a parte del motivo concreto de la discusión. Si las cosas no se hablan, todo sigue con un punto y seguido, cuando lo ideal debería ser un punto y aparte.
Estoy convencida de que a veces, muchas veces, antes de llegar a discutir aclararíamos las cosas de un modo mucho más sencillo si sinceramente nos dijéramos qué nos parece bien y qué nos parece mal, en lugar de, directamente, defender nuestras posturas sin empatizar con la otra parte.

0 comentarios: