... y nos quedamos con las palabras nos quedamos con nada.
Estoy (o soy) tan sensible que un status de Facebook me acaba de resultar inspirador. No por quien lo ha puesto (o sí) sino sólo por lo que dice. Sí… eso sólo me lo creo yo (o te convenzo, lector).
Hacer, hacer, hacer… y menos hablar! Puede que sea también por el poke (véase traducido como “toquecito”) que he tenido hoy por parte de alguien que realmente tenía (y no sin razón) ganas de darme. Creo que me han bajado los humos de un modo sutil y me ha servido un montón. Sé que ahora mismo llevo un “rayote” de los que hacen historia, pero luego, con el tiempo, lo recordaré como “aquello que aquella me dijo, y qué razón tenía”. ¿Y ahora qué toca? ¿Re-poke? Pues no, eso no me sale! Toca justo lo que dice el status de Facebook de una “amiga reciente” (de la que sé poco y viceversa, así que su status y el mío poco tienen que ver): hechos. Hacer y callar, porque el toque viene, precisamente, por algo de ese estilo.
Decidme las cosas claras, porque las señales yo no las veo. Demostradme con hechos lo que antes me decíais para que pueda creeros. Tampoco sé interpretar las insinuaciones… y mucho menos ver más allá de lo que ven mis ojos. Doy mil vueltas a las cosas, y la mayoría de veces debe ser porque al no saber interpretar las señales creo películas. Películas que luego poco tienen que ver con lo que pretendían decir las señales. Esto, lo siento (o no), va con segundas. Es como gritar al mundo que me gustan los jueguecitos de los envíos de mensajes subliminales, pero siempre acabo perdiendo porque no los capto.
Hagamos… hagamos más y digamos menos. Retengamos pocas palabras en la mente y guardémonos los hechos!!
Me ha quedado como el culo el post, pero es que me muero de sueño. Ya lo retocaré…
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