Ayer tuve una...

... conversación bastante interesante con alguien muy interesante, y ella acabó resumiendo mi estado anímico actual como de “crisis existencial”. Soy una de esas personas que lo cuestionan todo, y no es que sea un problema, pero agobia un poco a veces.


¿Ejemplos? A nivel personal, los típicos: qué hago aquí, de dónde vengo y hacia dónde voy. Todos nos hacemos normalmente las mismas preguntas, es sólo que algunos les damos más importancia que otros. A nivel no tan personal: ¿es parte de mi labor hacer algo importante durante mi existencia o he venido a este mundo para “nacer, alimentarme, reproducirme, trabajar para vivir un poco y morir”? La rallada principal viene porque una se dice a sí misma “no, claro que no, algo tengo que hacer para sentirme realizada”, pero se queda en el “tengo que hacer” mientras, a estas alturas, debería ser ya “algo estoy haciendo”. (Aida ponte las pilas!).
Una vez en el instituto un colega dijo eso de “pasa la vida y el reloj no se detiene”, y me quedó grabado para siempre. Esperaba que esta crisis me llegara a los 30, pero se ha adelantado un par de años!!! No es una “versión de visión utópica de la vida”, es lo que pienso simplemente.
Resumiendo, que me tengo que poner las pilas, pero no quiero reducir la lista de “cosas por hacer mientras viva”. Es un poco estresante, pero hacerlo me hace sentir precisamente eso: que estoy viva!!
Hay que seguir luchando contra el miedo para llegar a sentirnos realizados, con nosotros mismo y con el mundo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Primero de todo me gustaría decirte que, a priori, “dos años menos de 30” es muy pronto para tener “crisis existenciales”, aunque ciertamente, cada uno tiene los ritmos que tiene y el tiempo siempre es relativo.

Decir, siempre por si te ayuda, que todas mis crisis existenciales vienen motivadas siempre por el mismo desencadenante, y no es otro que una autoexigencia y autocrítica, que resulta ser tan grande que me crea un estado de insatisfacción crónico.

Me explico: Todo ser humano se debería crear metas, expectativas o como queramos llamarlo, que nos anime, incentive a superarnos, a realizarnos y que tengamos la sensación que todo tiene un fin, no entendido como final sino como objetivo.

Este objetivo no ha de ser único, sino más bien un paso, un paso más hacia la autorrealización y que sumado uno tras otro nos lleve a pensar que la vida tiene un sentido en su conjunto.

El problema viene cuando el nivel de autocrítica - autoexigencia es tan alto que no nos deja disfrutar, ni momentáneamente, del éxito del paso conseguido, con lo que cada paso implica, en cierto modo, un aumento de la insatisfacción y por tanto la sensación que todo lo que hacemos es cuanto menos muy poco relevante, ya sea porque al dar el paso nos olvidamos del objetivo superado para centrarnos en uno nuevo, porque nos resulte decepcionante el objetivo, por la facilidad que creemos que lo hemos conseguido o porque creemos que lo podríamos hacer mejor.

Creo que lo que realmente necesitamos es un “Pepito grillo” que nos recuerde todo lo que hemos hecho, para que realmente pudiéramos parar, aunque fuera un solo segundo, y darnos cuenta de lo que hemos conseguido.

Estoy convencido, que aunque sólo fuera por ese único segundo, estaríamos más contentos con nosotros mismos.

Lector.