… no sabes por qué, pero tienes a alguien al lado que consigue anularte casi por completo como persona.
Esa persona no lo sabe, y probablemente lo hace del modo más inconsciente que existe, pero lo hace. Te quiere, y quizás lo haga más que nadie, pero no sabe (ni tú) que es lo que menos te conviene, pues sin intención alguna no te deja ser tú, y al principio seguro que no te das cuenta, pero luego… luego supongo que acabas por darte cuenta de que ya no eres nadie.
Si extrapolamos este concepto al ámbito de la lengua, podemos encontrar cierta semejanza con el término diglosia:
diglosia. (Del gr. δίγλωσσος, de dos lenguas).
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Tú eres una lengua, yo soy otra, convivimos, pero tú gozas de ciertos poderes sobre mí que hacen que cada vez tú seas superior y que yo me sienta más abajo tras cada momento que pasamos cerca. Te quiero a mi modo, sé que me quieres al tuyo, pero si seguimos cerca, tú nunca vas a saber quién eres realmente y yo no voy a llegar a ser nunca quien puedo llegar a ser.
Siento que soy la lengua débil esta vez, y no me apetece nada. He aquí el punto donde empezamos a diverger, por nuestro propio bien.
No quiero acabar este post... al igual que no quiero acabar con lo que nos une... pero es lo mejor. Piénsalo y me lo dices, ok?
La música...
La música...

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