... y siguiendo con el post anterior, llegó la disculpa convertida en dos blocks de post-it con textos bonitos repartidos por toda mi casa.
Y al principio puede que no haga ni gracia... pues es una disculpa. Pero una con el tiempo parece que ha aprendido a tragarse el orgullo, e incluso a sentirse un poco querida a pesar del daño casi irreversible que le hayan podido causar. Pero el casi, esta vez, ha sido más importante que nunca.
No somos perfectos, ni siquiera similares, así que hacernos daño es también parte del camino que nos une.

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