Llevo ya tres...



... o cuatro días de visita en “casa” y, pues parece que esta vez estoy aguantando bien el tirón. La verdad es que es un gusto reencontrarte con la gente que quieres y que te quiere, a la vez de no ver a quien crees que te quiere pero que no hace nada por verte.
Mi corazón se vuelve a Londres con un roto más, pero con varias nuevas experiencias que me ayudan a remendarlo, a dejarlo como nuevo.
En resumen, me quedo con todo lo bueno, porque es que malo, lo que se dice malo, hay bien poco. Me da lástima volverme ahora sabiendo que quizás haya quien necesite apoyo más que nunca y desde la distancia no es tan fácil ofrecerlo. Voy a estar allí... pero cerca, muy cerca, más cerca que nunca. Porque lo merecen y porque quiero estar.
Y parece que la inspiración era de broma porque vaya cutre-post. Pero en esencia, lo voy a dejar así: Gracias, familia. Gracias, amigos. Gracias, superamigos. Nos vemos pronto, ya sea aquí o en Londres. Lo sé: soy una cursi.

Necesito acertar, aunque sea un rato. Mientras por aquí llueve a todo trapo, pero siempre afloja el temporal... aunque sea un rato.

Lo malo...

... de volver a “casa” cuando tu Casa ya no es la misma “casa” que era antes, es que te tienes que reencontrar con todo, con lo que quieres reencontrarte y con lo que no.


A veces parece que al haberte ido has creado como un nuevo mundo, un nuevo espacio en el mundo, y esta vez, diseñado por ti misma, para ti misma… y no se sabe por cuánto. Siempre hay adversidades, pero te las tomas con mejor humor cuando son adversidades para las que te sientes preparada, las cuales, además, surgen por efecto de ti misma. No tengo grandes adversidades ahora, y no me apetece mucho llegar y darme de frente con que mi abuela está enferma, con que quien era mi amiga-hermana del alma ahora tiene que hacer verdaderos esfuerzos para encontrar un hueco y verme, o que la persona que robó mi corazón… eso, que recuperé mi corazón trocito a trocito para lograr reconstruirlo como si fuera un puzle, y que ahora que ya está casi completo de nuevo, el rencuentro puede actuar como un terremoto y destruirlo todo otra vez. Sí, tendré las piezas para volverlo a montar todo con paciencia, pero está en mi mano poder evitarlo. Sin embargo, como ejemplo perfecto de ser humano que tropieza dos o más veces en la misma piedra, ahí estoy, haciendo planes para reencontrarme con toda la gente a la que se supone que quiero. Dejémoslo en que todos son amigos y familiares, y que mi corazón está bien cosidito pieza con pieza, y que no se va a dañar lo más mínimo.
Casa, lo que fue mi casa, allá voy, de vuelta por unos días con muchas ganas. Para qué engañarnos. Antes de ir sé que voy a volver a Casa, a la de ahora, a mi vida. Porque mi vida, lector, ahora está aquí.