... de volver a “casa” cuando tu Casa ya no es la misma “casa” que era antes, es que te tienes que reencontrar con todo, con lo que quieres reencontrarte y con lo que no.
A veces parece que al haberte ido has creado como un nuevo mundo, un nuevo espacio en el mundo, y esta vez, diseñado por ti misma, para ti misma… y no se sabe por cuánto. Siempre hay adversidades, pero te las tomas con mejor humor cuando son adversidades para las que te sientes preparada, las cuales, además, surgen por efecto de ti misma. No tengo grandes adversidades ahora, y no me apetece mucho llegar y darme de frente con que mi abuela está enferma, con que quien era mi amiga-hermana del alma ahora tiene que hacer verdaderos esfuerzos para encontrar un hueco y verme, o que la persona que robó mi corazón… eso, que recuperé mi corazón trocito a trocito para lograr reconstruirlo como si fuera un puzle, y que ahora que ya está casi completo de nuevo, el rencuentro puede actuar como un terremoto y destruirlo todo otra vez. Sí, tendré las piezas para volverlo a montar todo con paciencia, pero está en mi mano poder evitarlo. Sin embargo, como ejemplo perfecto de ser humano que tropieza dos o más veces en la misma piedra, ahí estoy, haciendo planes para reencontrarme con toda la gente a la que se supone que quiero. Dejémoslo en que todos son amigos y familiares, y que mi corazón está bien cosidito pieza con pieza, y que no se va a dañar lo más mínimo.
Casa, lo que fue mi casa, allá voy, de vuelta por unos días con muchas ganas. Para qué engañarnos. Antes de ir sé que voy a volver a Casa, a la de ahora, a mi vida. Porque mi vida, lector, ahora está aquí.

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